De mi propio mundo y de mi mismo (4/?) - Experiencias de verano 2/3





Los años pasaban, así como las casas en las que íbamos veraneando cada año, en ocasiones repetíamos casa y en otras no. En esta ocasión,  alquilamos una casa que tenia dos pisos, uno para cada “familia “, que funcionaban como viviendas independientes. La mujer que nos había alquilado la casa vivía en otra casa pegada a su derecha, de igual estructura. Como éramos tantos los que nos juntábamos para veranear, ese verano la planta de abajo fue alquilada por la madre de mi primo, Marte y la segunda planta por mi abuela, mi madre y otra tía mas, la madre de Odette.

Un día, mi tía, la madre de Marte, tuvo que atender unos asuntos en su casa, así que regresó con mi primo Marte, dejando sola en casa a otra prima mía, a la que llamare Priscila, y a sus tres hijos: hablé de ella anteriormente, cuando me increpaba donde había visto a su abuela fallecida, las veces que yo me quedaba a dormir en su casa con mi primo Marte. Priscila es una mujer que a pesar de que es muy miedosa le encanta saber todo tipo de misterios y demás experiencias paranormales. Ese día me pidió que me bajase a dormir en la planta de abajo ya que le daba miedo quedarse sola en esa casa con sus hijos y yo accedí.

Recuerdo como esa noche después de volver con mis amigos y primos de la playa, me baje a la planta primera, sus hijos estaban ya dormidos y ella estaba en el porche tomando el fresco, asi que yo me uní a ella y nos quedamos hablando hasta tarde. Cuando nos dispusimos a dormir ella fue a la habitación con dos de sus hijos y yo me fui a otra a dormir con el mayor, que en ese momento no tendría más de 10 años.

Una vez la casa se quedó a oscuras y en silencio, al rato de haberme quedado dormido, algo me sobresaltó. Estaba escuchando ruidos que procedían del interior de la casa, abrí los ojos y con el hijo de mi prima al lado me quede quieto para que no se despertase; simplemente me concentré en esos sonidos, que pude identificar que era de alguien que estaba merodeando por la casa.

Mi prima no era, básicamente porque ella no se aventuraría a andar a oscuras por la casa en medio de la noche, era de alguien diferente. Me concentre más en esos sonidos y cada vez oía los pasos más cerca, estaba prácticamente en la entrada de mi habitación. Los pasos se detuvieron, yo en ese momento con los ojos abiertos, inmóvil, pude ver como una cabeza asomó por la puerta de mi habitación. Era una chica de unos 20 años, con el pelo largo color caoba, delgada y facciones de cara más bien redondeada. La recuerdo tan bien ya que se quedó un tiempo “visible” contempló mi habitación y me vió a mí, se percató de que la estaba observando, nuestras miradas se cruzaron, se dió cuenta de que la estaba viendo también. No supo como reaccionar bien y suavemente volvió a irse de la misma forma que había venido. Se pasó también por la habitación de mi prima, volvió de nuevo al pasillo y cada vez sus pasos se difuminaban de nuevo con el silencio de la noche.

Noté que esa chica no representaba ninguna amenaza para mí ni para los que esa noche estábamos en la casa, con lo que seguidamente volví a conciliar el sueño. Aún así pude ver en esa chica que su visita en esa casa no fue algo amenazador ni nada que se le pareciese, simplemente la veía confundida en el sentido de que hay gente en una casa y va a ver quién hay, como si esa casa fuese suya y nosotros fuéramos otros inquilinos que esos días la habitaban. No me equivocaba demasiado…

Pasaron los días y sobre el evento de lo que me pasó esa noche se lo comenté a Priscila por encima, sin entrar en mucho detalle, ya que se asusta con facilidad, pero quedó, como algo anecdótico para ella. También se lo comenté a mi abuela, que ella siempre estaba allí para escucharme a todo lo que le dijese.

Un día próximo a fin de mes por la tarde nos encontrábamos mis primos y yo en la entrada de la casa, a lo que nos encontramos a la mujer que nos había alquilado la casa. Se paró un momento a hablar mis tías y mi abuela, ese día casualmente también estaba otra tía mía, la menor de todos los hermanos de mi madre, a la que llamare Estrella. Yo me acerque un momento a donde estaban ellas, junto con mis primos Mare y Odette, estaban en la puerta de la casa de la mujer que entraba ya en la casa. En ese momento al mirar a su interior vi en el interior de su casa una fotografía de una chica, alguien que ya había visto antes paseando a oscuras por nuestra casa.

Su visión en fotografía de esa chica fue muy desconcertante para mí, la había visto aquella noche. Entonces ese mismo día, pero mas tarde, relaté a mi tía Estrella todo lo acontecido hacía unos días indicándole que vi a la chica de la foto que no lo entendía. Ella me respondió que hablando esa tarde con la mujer, le comentó que tenía una hija, pero que había fallecido, vivían anteriormente en la casa que nosotros teníamos alquilada y que lo que llegue a ver era su espíritu. Me preguntó que si la vi mal o necesitaba ayuda, pero le comente que no, ya que su espíritu estaba en paz.


En este mundo hay también espíritus que no tienen por qué estar penando o estar con algún pesar, en lo más sencillo suele estar la verdad y lo que saqué en claro de toda esta experiencia es que esta chica estaba allí como custodio de esa casa y muy probablemente acompañando a sus padres, esperando a algún día poder volverse a encontrar con ellos, todo ello sin que ningún pesar o tristeza atormentara su existencia.





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