De mi propio mundo y de mi mismo (2/?) - Experiencias de verano 1/3
Recuerdo que por aquel entonces
y con el paso de los años ya era capaz de distinguir un espíritu o un ente
de lo que no, sensaciones místicas de las que tenemos nosotros de una forma
terrenal, incluso poder comunicarme con estos entes y espíritus. Podía
intercambiar pequeñas palabras con ellos, en definitiva: había una parte de mí
diferente a los demás, que convivía con ello, formaba parte de mi, y de alguna
forma yo hacía participe no solo a mis tías sino mis primos de ello, ya que era
con quien me relacionaba día a día. Ellos como niños que éramos ni se
planteaban si aquello era verdad o no, simplemente me escuchaban y entendían
que yo tenía una sensibilidad especial.
Mi familia tuvo más consciencia
de esto que me pasaba a raíz de varios hechos que tuvieron lugar durante las
vacaciones de verano. Resulta que en verano mis abuelos alquilaban una casa en
la playa, y allí nos juntábamos todos los que podíamos: varias de mis tías y
junto con ellos mis primos, que vivíamos durante un mes en aquella casa alquilada.
En mi casa normalmente estaba mas o menos libre de espíritus, pero en cada casa
de playa en la que alquilábamos me encontraba situaciones muy dispares
espiritualmente hablando, y que me sirvieron como experiencia, práctica y
dominio de mi habilidad. Eran años para mí de mucha actividad espiritual, pero
sobre todo de aprendizaje. Mi voto de silencio con mi familia ya no lo seguía
ya que relataba todos los fenómenos que sentía pero no lograba identificar, de
hecho a veces contaba demasiado.
La mitad de los primeros años, si
sentía algo fuera de lo normal, tampoco era algo que realmente me diese
miedo, prácticamente no hubo nada reseñable, salvo por un hecho, a
veces sentía cosas pero no las enlazaba con nada concreto, ya que por aquel
entonces tampoco identificaba que era o el significado de aquellas sensaciones,
solo algo que realmente se me imponía como una sensación muy fuerte era motivo
de pararme un momento a pensar e investigar que estaba pasando. De alguna forma
sentía que me advertían de algún peligro, por aquel entonces aún no había
contactado con mi guía: me refiero a poder comunicarme con él aunque siempre
estuvo allí. Las formas en que podía sentir algo eran menos “claras por decirlo
así.
Como ejemplo más representativo
de aquello contaré de mis primeras experiencias en la playa, como estaba
contando. Nuestra rutina por aquellos años era levantarnos, desayunar todos mis
primos a la vez y bajarnos a la playa. Subíamos pasado el mediodía, comíamos,
luego mis primos y yo nos íbamos a alguna habitación de la casa a jugar entre
nosotros. Después, a la tarde, volvíamos a bajar, y mas de lo mismo cenar y
terminar el día dando una vuelta por el paseo, iglesia y callejeando un poco.
También conocimos a varios amigos con los que coincidíamos ese mes en la playa.
Pues una de esas mañanas yo
bajaba junto con mi hermano y primos, yo me juntaba mucho con mi prima
llamémosla “Odette”. Con ella pasaba mas tiempo que con nadie, congeniamos muy
bien, teníamos mas o menos la misma edad y siempre nos contábamos todo, incluso
en la parte espiritual, aunque en ese tema ella era muy curiosa por aquel
entonces y también por ignorancia de ambos no dábamos la importancia que tales
hechos que le contaba tenían y realmente fue lo mejor.
Normalmente mi prima Odette y yo
nos quedábamos siempre más tarde en la playa y subíamos a casa a comer nosotros
dos solos, pues ese mediodía tuve una sensación extraña como un peligro
inminente, no sabía bien identificar qué era, solo que la sensación era
literalmente “algo malo va a pasar” pero no sabía el qué, ya que todo a mi
alrededor seguía igual. Se lo comenté a mi prima, y aquí quedó la cosa. Cuál es
nuestra sorpresa que al llegar a la casa resulta que la hermana de Odette, no
había subido con mi tía (su madre) ni con nosotros, no sabíamos dónde estaba, y
tal como dije, algo pasó. En ese momento no nos paramos a pensar en mis
palabras de hacía un rato, simplemente salimos de nuevo a la playa en su
búsqueda, yo y mis tías, entre ellas su madre. Después de un rato y con un gran
susto en el cuerpo logramos encontrarla: un primo mío dio con ella al buscarla
en la caseta de salvamento, finalmente se quedó en solo un susto. Lo
que pasó fue que al subir al mediodía con su madre se despistó echó por otra
calle, entonces volvió a la playa bastante asustada.
Esa tarde, comentamos el hecho de
que yo había advertido de que algo malo iba a pasar y pasó, realmente la
sorpresa fue para ambos por igual. Yo también me sorprendí de que por primera
vez pude, de algún modo, vagamente, desentrañar una sensación no terrenal y
trasladarla a este mundo. No creas que no pensé que eso podría haber sido
casualidad, pero de momento en mi interior no le di más vueltas y seguimos
disfrutando del verano.
Ese fue en definitiva mi primer
contacto con algo, un abanico de sensaciones con mensaje, con una
intencionalidad, con una lógica, un pequeño paso mas del aprendizaje que sin
darme cuenta iba asimilando.
No pasarían muchos días hasta que
volví a tener otra experiencia que por aquel entonces tanto me costaba
identificar. Como os decía anteriormente con mi rutina, después de cenar nos
íbamos mis dos primos y yo a dar una vuelta por ahí; también quedábamos con
nuestros amigos de la playa, ¿te acuerdas que comenté que durante muchos años siempre
alquilábamos la misma casa? Pues aun manteníamos amigos que vivían en esa calle
y tenían nuestra edad.
Ese día partimos mi prima Odette
y mi primo, al que llamaré Marte, salimos al encuentro de estos amigos que
vivían en esa calle y nos íbamos a dar una vuelta a la feria. Mientras
estábamos entrando en la calle (nuestra antigua casa quedaba mas o menos a la
mitad de la calle) empecé a notarme de nuevo extraño, no era como la anterior
vez, era como algo más serio, una sensación totalmente distinta a la vivida en
la anterior ocasión. Tanto fue así que sin darme cuenta me quede paralizado
ante algo mucho más grande, que me llenaba de vacío, en ese momento nadie se
percató y yo me encontré solo y parado en medio de la carretera mientras mis
primos y amigos seguían su paso sin en ese momento percatarse de que yo no
avanzaba.
Mientras tanto, yo seguía inmerso
en una sensación de vacío, de calma tensa, muy tensa. De hecho, levanté la
vista y dirigí mi mirada a la fuente de toda esa sensación. En esta ocasión, a
pesar de que procedía de mi, solo era una reacción ante algo externo y
provocaba que me encontrara mal, como un cambio de humor, algo incómodo, había
algo que estaba cerca de mí, me sentía observado, estaba posado, no pertenecía
a este mundo. Mi vista fue recorriendo la calle, el tiempo parecía haberse
detenido para mi mientras el mundo seguía su curso. Finalmente mis ojos se
posaron en la entrada de nuestra antigua casa de los primeros años de playa,
resulta que la casa dejó de alquilarla a mi abuela por tema de salud, y allí
estaba la propietaria tomando el fresco de la noche como hacían otros tantos
vecinos por esa calle.
Mi mirada seguía posada en ella,
se que paso rápido pero para mí fue más tiempo, algo había en ella, pero, ¿qué
era? La miraba y no veía nada extraño, hasta que en ese momento lo pude ver, un
contorno a su derecha no tenía una forma humana, era como un manchurrón oscuro,
mas alto que ella, de color negro como si fuese una nube anunciando tormenta y
en ese momento, dada mi energía actual no podía ir más allá para ver algo mas nítido
o conformado, lo único que puede ver fue
como algo borroso la acompañaba, estaba a su lado, la envolvía e imponía mucho,
tanto que era como si fuese un gigante y yo un enano. Seguí intentando
identificar que era lo que estaba presenciando, lo más que recuerdo era que lo
que fuese que estuviese con esa mujer no era ni bueno ni malo, era una marca,
que hizo que me preguntase de una forma casi surrealista, ¿por qué seguía aquí
aquella mujer? No debería estar, en este mundo, la sensación era más bien de
cuando ves a alguien que no esperas y que no debería estar y te pilla de
improvisto, y no, no me refiero al manchurrón negro que la acompañaba sino a
ella misma.
Al día siguiente, todo
transcurría con normalidad, fuimos todos a la playa y pasado el medio día
volvimos a casa a comer y mientras mis padres y tías dormían la siesta mis
primos y yo estábamos en la habitación hablando y jugando. Al poco de empezar,
alguien llamó a la puerta, se trataba de una vecina de la calle de ayer que
conocía mi abuela, venia preguntando por ella llorando, temblando. Nosotros
desde la habitación oímos el ajetreo y salimos al salón que daba a la puerta de
la casa, allí estaba mi abuela y la vecina. Estaba muy alterada, al principio
no se le entendían las palabras, solo que algo malo había pasado y que mi
abuela debía de saberlo. Tuvo que calmarse un poco, respirar y cuando por fin
pudo hablar sin llorar anunció que había fallecido la mujer que nos alquilaba
la casa de los primeros años, la que yo vi la noche anterior, se hizo un
silencio y lo oímos todos, yo me quede petrificado.
Esta mujer que vino a anunciar la
muerte de la susodicha dijo que estaban en su casa varios vecinos que la
estaban velando junto con otros familiares. Por lo visto murió por la mañana de
una trombosis en las piernas. Mi abuela, muy sentimental siempre, se vistió y se
dirigió a la casa, yo y mis primos Olette y Marte la acompañamos, pero una vez
dentro de la casa no sentí nada, la presencia que vi no se hallaba, no había ni
rastro.
Cuando volvimos de nuevo con
nuestros padres y abuela, mi primo marte me dijo “ayer por la noche me dijiste
que algo malo iba a pasar”, resultó que no estaba del todo dormido y me escuchó.
Por supuesto todos se enteraron de ello, mi madre y tías incluidas, pero
tampoco se mencionó mas ese detalle, al menos no en esos días. En esos momentos
no sabía ni que decir, habían muchos sentimientos y sensaciones que
transcendían de mi entendimiento y simplemente ocurrían cosas que me rebasaban.
Y esta es otra capacidad que
puedo llegar a ver de las personas, pero es algo que a día de hoy suelo omitir
a la persona propiamente afectada, aunque sepa que está ahí o aunque tu vida no
esté en el final puedo identificar si es la última vez que te puedo llegar a
ver vivo o viva, la sensaciones son similares y muy difíciles de plasmar en
palabras, créeme, pero es así, es imparable, no se puede hacer nada, viene dado
y solo nos queda aceptarlo, al menos por mi parte, el encontrarme con la
muerte. Obviamente ya es en mi adolescencia cuando puedo llegar a distinguir la
muerte y verla con más nitidez, sobre todo desde que mi guía apareció en mi
vida de forma que voy a otro paso más allá.
Me he encontrado otras veces con
la muerte y en diferentes formas que marcan una excepción a lo que he dicho
antes, pero solo simplemente en
determinados casos muy puntuales, que exigen que actué o que prepare, o
simplemente hay puntos intermedios relacionados con la muerte sin acabar
precisamente en morir, pero eso ya es otra historia. Pasarían los años y más
experiencias de verano siguieron después de eso que relataré más adelante.



Deseando seguir conociendo tu camino! Gracias✨
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